La canción de Elcino

By Luis Aguilar Poveda

Elcino, el buen pastor, con la manada huraña

de cabras, paso a paso, cruzó el valle florido;

vibró en los aires puros su peculiar silbido,

y al oírle siguiéronle, camino a la montaña

Al oír un lejano cantar de pipitaña

recordó la tragedia de su amor sin olvido;

requirió de sus hombros el rabel, y mordido

por la pena, llamó su tierna musa extraña

En mitad de su música miró que amanecía:

Toda, toda la noche, su canto suprahumano

relató en la montaña su enorme desconsuelo

Quebró Elcino el rabel con su larga armonía,

y cuando la postrera cuerda rompió su mano,

tras la última nota su alma voló al cielo.