La cita a la madrugada

By Antonio García Gutiérrez

No hay pena, no hay dolor, hermosa mía,

que yo no arrostre por tus lindos ojos;

esclavo viviré de tus antojos

en tanto que a mi amor tu amor sonría.

Preso en tus dulces lazos noche y día;

bebiendo el néctar de tus labios rojos,

¿cómo sentir los pérfidos abrojos

que del mundo falaz cubren la vía?

¡Adorarte y no más! Este es mi oficio,

y no hay afecto ni pasión profana

que no venza mi amor en tu servicio

¡Mas soy flaco mortal, hermosa Juana!

Pídeme de mi sangre el sacrificio,

y déjame dormir por las mañanas.