La confesión

By Joaquín G. Losada

-¿Y te enmendaste ya de aquel pecado?

No, Padre, no he podido, harto lo siento:

sigo amando a la niña de Sarmiento

y a la consorte de Simón Cuadrado.

-¡Réprobo! ¡Libertino! ¡Condenado!

-Un día, tras las tapias del convento

hablé a Juana -¿Tú ignoras el tormento

que Satanás te tiene reservado?

-Otra vez en la senda del cortijo

-¡Piensa en la eternidad! ¡Piensa en la muerte!

-Después en el molino -Amado hijo,

no puedo de tus culpas absolverte-

Fuese el joven y luego el cura dijo:

-Pero ¡qué atrocidad! ¡Jesús, qué suerte!