La confesión
-¿Y te enmendaste ya de aquel pecado?
No, Padre, no he podido, harto lo siento:
sigo amando a la niña de Sarmiento
y a la consorte de Simón Cuadrado.
-¡Réprobo! ¡Libertino! ¡Condenado!
-Un día, tras las tapias del convento
hablé a Juana -¿Tú ignoras el tormento
que Satanás te tiene reservado?
-Otra vez en la senda del cortijo
-¡Piensa en la eternidad! ¡Piensa en la muerte!
-Después en el molino -Amado hijo,
no puedo de tus culpas absolverte-
Fuese el joven y luego el cura dijo:
-Pero ¡qué atrocidad! ¡Jesús, qué suerte!