LA CRUZ
Como un vigía que en la noche vela
las almas el perdón tu amor enlaza,
y allí a tus plantas fugitiva estela
de lágrimas, la ignota angustia traza.
Flor de piedad que en el silencio medras
y el pesar trashumante ansiosa acoges,
mi frente inclino, pues mi orgullo arredras.
¡Tú, que en tu seno al pecador recoges!
Con paso lento y corazón pesado,
a tí me acerco tras febril jornada,
y a tus pies, como flores de pasión
que atmósfera letal ha marchitado,
depongo triste la última brazada
de rosas que aromó mi corazón.