La declaración

By Mercedes Matamoros

¡Tras la cita de ayer, por el camino

voy con el corazón regocijado,

hallando en cuanto miro, retratado,

¡oh, Faón, tu semblante peregrino!

Veo en el clavel tu labio purpurino,

tu blanca frente en el jazmín nevado,

tus ojos son el cielo abrillantado,

y el sol refleja tu mirar divino!

¡Mas recuerdo tu voz! Y no hay murmullo

de brisa musical, o grato arrullo

de onda pura, o tímido reclamo,

que puedan igualarse al blando acento

con que el oído, en celestial momento,

trémula me dijiste: «¡Yo te amo!»