La esfinge – II

By Gaspar Núñez de Arce

Sembrado está de huesos, que calcina

sol inclemente, el árido contorno,

y por el aire, ardiente como un horno,

no cruza ni una humilde golondrina

Alza polvo sutil densa neblina

de la cansada caravana en torno,

que, rindiéndose al peso del bochorno,

con soñolienta postración camina

Nada su sed inextinguible aplaca,

ante se irrita más, cuanto más finge

gratos oasis el febril anhelo

Y en la remota línea se destaca

la gigantesca mole de la Esfinge,

impenetrable y muda como el cielo