La esfinge – III

By Gaspar Núñez de Arce

Buscando alivio a sus atroces penas,

en su camello el árabe dormita;

mas ¡ay!, de pronto se incorpora y grita

y siente hervir la sangre de sus venas.

Es que el simum, rompiendo sus cadenas,

oscurece la bóveda infinita

y con terrible convulsión agita

el vasto mar de líbicas arenas

El monstruo asolador todo lo arrasa,

arrolla en desatado torbellino

la caravana sin ventura, y pasa

Y cuando vuelve a sosegarse el llano,

allá, ciega y brutal como el Destino,

cota la Esfinge el término lejano.