La estrella
¡Ah, si borrar pudieras la clámide sombría !
Para poder alzar tus ojos a la altura,
sin chocar tus miradas con esa estrella pura
que amansó la luz de tu Quimera y al mía
Mudan almas y cosas y su fulgor perdura
¡Oh casto cirio pálido que allá en la lejanía
de los abismos, eres, bajo tu nave oscura,
la lámpara votiva de mi melancolía !
¿Te acuerdas ? Tú adorabas ese rubio lucero
Con sus etéreos hilos tejiste los mejores
encajes de ilusión que alfombran tu sendero
Hoy esquivas su lumbre con un temor contrito,
y te tortura el beso de tus tibios fulgores
como un remordimiento clavado en lo infinito.