La fiesta de Venus – I

By Vicente Wenceslao Querolt

Ya del oscuro Citerón las cumbres

bajaba el sol a trasponer, vertiendo

ríos de luz sobre los verdes mares,

cuyos abrazos lánguidos y besos

dulces y prolongados, adormecen

los grupos de las islas del Egeo.

Helios guiaba sus caballos de oro

hacia el collado de la augusta Delfos,

y en las rocas de Egina y las abruptas

cimas sagradas del antiguo Himeto

sus reflejos de púrpura bañaban

los bosques de olivares cenicientos,

por donde va, entre franjas de verdura,

del Cefiso el caudal siempre risueño.