La fiesta de Venus – IV

By Vicente Wenceslao Querolt

Callados miran, de la clara tarde

a la mudable luz, tierras y cielos

prolongarse sin límites. La noche

sube ya por las faldas del Taigeto;

pero aún el rayo trémulo del día

brilla sobre el sepulcro de Teseo.

Callados miran de la mar hirviente

los vívidos cambiantes y el incierto

vaivén de sus llanuras solitarias,

que leve impulsa pasajero el viento;

cuando, en sus frescas ráfagas, la brisa

trajo a su oído el rumoroso eco

de la confusa multitud, que invade

las murallas de mármol del Pireo.