La honesta humildad en el traje abriga al hombre y le aconseja

By Francisco Gómez de Quevedo y Villegas

Sin venero serrano, en pobre lana,

que acuerda de la oveja, no de Tiro,

me abrigo, en tanto que vestida miro

las coronadas furias con la grana.

La pálida ceniza, que tirana

se guarda, y se descubre con suspiro,

no encamina la envidia a mi retiro,

ni el sueño y la conciencia me profana.

Las guijas que el Oriente por tesoro

vende a la vanidad y a la locura,

si no encienden mis dedos, no las lloro.

De balde me da el sol su lumbre pura,

plata la luna, las estrellas oro:

basta que dé la tierra sepultura.