La hora verde

By Enrique Hernández Miyares

Del parisiense boulevard fastuoso

prolóngase la plácida penumbra,

porque el sol de oro viejo sólo alumbra

con mortecino rayo perezoso.

De la jornada al fin llegó el reposo,

oasis que en la brega se columbra,

y en los bruñidos mármoles deslumbra

del verde ajenjo el néctar venenoso

Arde el café moderno entre el gentío,

y a cortos tragos sorbe, lentamente,

la amarga copa el bebedor sombrío,

mientras por el asfalto reluciente,

como azotada por el viento frío,

pasa la burguesía indiferente.