La liga
Husmeaba el sol, desde la pulcra hebilla
de tu boina, un paraíso blanco
y en bramas de felino, sobre el banco,
hinchóse el tornasol de tu sombrilla
Columpióse, al vaivén de mi rodilla,
la estética nublosa de tu flanco;
y se exhaló de tu vestido un franco
efluvio de alhucema y de vainilla
Entre la fuente de pluviosas hebras,
diluía cambiante de culebras
la tarde Tu mirada se hizo muda
al erótico ritmo; ¡y desde el pardo
plinto, un tritón significó su dardo
concupiscente hacia tu liga cruda!