La montaña

By Evaristo Méndez

Ya viste su coraza de nevada el gigante

Tupungato, y duerme en su lecho milenario

Es un bruñido espejo la nieve y la distante

luna refleja en ella su rostro visionario

Precursor de tormentas, da su gran voz vibrante

el viento, y va arrastrando por el enorme estuario

del valle, su armonía quejosa y sollozante,

quejosa y sollozante por el enorme estuario

De las nubes desfilan las fantásticas tropas;

en retirada llevan sus desgarradas ropas,

van despacio, esperando que llegue la luz diurna.

Y con hondo cansancio, con enorme desvelo,

va tan sólo la luna peregrinando el cielo

en esa formidable desolación nocturna !