La montaña
Ya viste su coraza de nevada el gigante
Tupungato, y duerme en su lecho milenario
Es un bruñido espejo la nieve y la distante
luna refleja en ella su rostro visionario
Precursor de tormentas, da su gran voz vibrante
el viento, y va arrastrando por el enorme estuario
del valle, su armonía quejosa y sollozante,
quejosa y sollozante por el enorme estuario
De las nubes desfilan las fantásticas tropas;
en retirada llevan sus desgarradas ropas,
van despacio, esperando que llegue la luz diurna.
Y con hondo cansancio, con enorme desvelo,
va tan sólo la luna peregrinando el cielo
en esa formidable desolación nocturna !