LA MOSCA
A la sombra de la amistad más pura,
en un balcón, sentados frente a frente,
mientras el Sol se hundía en Occidente
charlábamos de música y pintura.
Estaba en su apogeo tu hermosura,
y mi juventud en su etapa ardiente;
yo te hacía preguntas de un creyente
y tú me respondías con dulzura.
Hablando estabas de famosos sabios
cuando una mosca se posó en tus labios
con sumo placer y audacia no poca.
La ahuyentaste; y yo, por consolarte.
Perdónala! — te dije — Honró al Arte
creyendo un panal de miel esa boca!