La muerte

By Felipe Cortines Murube

Partido el corazón, ciego, expirante,

cárdena espuma en la sedienta boca,

la postrera agonía le sofoca

y hacia detrás anduvo vacilante.

Se derrumbo su mole de gigante,

como en el mar derrúmbase una roca,

y, entre una densa polvareda loca,

patas arriba se quedó un instante.

Se clavaron sus cuernos en la tierra,

y de su sangre en la laguna roja

los fieros ojos para siempre cierra.

En la trágica ruina, el clamoroso

público aplaude; al redondel se arroja,

¡y lleva en triunfo al matador famoso!