La musa
Yo la flauta de Pan en la espesura
de la selva encontré Donéla al griego
cantor de Dafnis, que al ferviente ruego
de Virgilio cedióla con premura
La heredó Garcilaso, y de su obscura
mansión, Chénier la arrebató; mas luego
tinta en sangre fue a hundirse en el sosiego
perdurable de horrenda sepultura
¿Cómo pudiste tú con fe serena
arrancarla de allí? Mas fuera agravio
hoy el almo trinar de Filomena
Castiga al mundo decadente y sabio
Anda, pastor; devuélveme la vena
melificada por tu dulce labio