La pintura
Habló el Señor, y el tenebroso Oriente
rasgó triunfal la prística alborada
La tierra, como virgen desposada,
con cendales de luz cubrió su frente
Al bañar a los seres el torrente
de resplandores que surgió en la nada,
tendió en ellos la faja desgarrada
del Iris policromo y esplendente
Cual divino pincel la luz inquieta
trazó el cuadro sublime de la vida
en la inmensa extensión de la Natura;
y, al intentar copiarlo, de un poeta
el alma impresionada, conmovida,
creó el Arte celestial de la Pintura.