La piragua
Barquera, ven: la noche está serena
cuajada hasta el confín de extrañas luces
Al son de tu doliente cantinela
¡a cuánta gente anónima conduces!
El río blando, cadencioso rueda
en el milagro de la noche de oro;
se adormece al pasar por la arboleda
y al volcarse en el mar, bulle sonoro.
Barquera, ven: ignotas suavidades
mueven la fronda y tiemblan en el agua
como caricias hechas claridades
En el éter azul la luna brilla
Barquera, ven: apresta la piragua
y pásame en silencio a la otra orilla.