La primera cana

By Fernando Mayoral Oliver

Derramando perfumes y armonía

tendió sus alas sonrosada aurora,

y un rayo de su luz encantadora

al verter claridad me anunció el día

Dejé el mullido lecho en que dormía,

y en tan risueña y matutina hora

comencé mi «toilette» restauradora,

ante un espejo que en mi cuarto había.

Mas pronto al descubrir con la mirada

un cabello cual hebra plateada,

por el dolor y por el llanto ciego

dije: ¡Señor! ¡es mi vejez que empieza!

¿O es que al cubrir la nieve mi cabeza

quiere apagar del corazón el fuego?