La revolución

By A. Alpanseque Blanco

Odio en el pecho y en la mano tea,

por cetro el vil puñal, y por corona

ese ateísmo atroz de que blasona

con voces de chacal su infiel ralea

Por banderín un trapo en que campea,

con sonrisa entre pérfida y burlona

la silueta de impúdica matrona

guiando al monstruo en la brutal pelea

¿Quién habrá, quién, que a su impiedad se oponga,

y al ver la ruina de la Patria exponga

el pecho al golpe de infernal venablo?

¡No será el neutro, no, quien se decida,

bien hallado a poner toda su vida

al Señor una vela y otra al diablo!