La última noche

By Juan Martínez Nacarino

Inmóvil y entre luces y en el suelo,

con plácida expresión de paz bendita,

eras como una virgen carmelita

por un ángel audaz robada al cielo!

Sólo cuando, al besarte, sentí el hielo

con que la Muerte halló tu faz marchita,

advertí consternado la infinita

bárbara pesadumbre de mi duelo!

Al contemplar las funerales galas

al ver la Cruz entre tus manos yertas

y pagada la lumbre de mis ojos,

el Ángel del Amor plegó las alas,

que un tiempo tuvo en nuestro hogar abiertas,

y se dejó enterrar con tus despojos.