La vuelta de los campos
La tarde paga en oro divino las faenas
Se ven limpias mujeres vestidas de percales,
trenzando sus cabellos con tilos y azucenas
o haciendo sus labores de aguja en los umbrales.
Zapatos claveteados y báculos y chales
Dos mozas con sus cántaros se deslizan apenas
Huye el vuelo sonámbulo de las horas serenas
Un suspiro de Arcadia peina los matorrales.
Cae un silencio austero Del charco que se nimba
estalla una gangosa balada de marimba
Los lagos se amortiguan con espectrales lampos,
las cumbres, ya quiméricas, corónanse de rosas
Y humean a lo lejos las rutas polvorosas
por donde los labriegos regresan de los campos.