La vuelta de los campos

By Julio Herrera y Reissig

La tarde paga en oro divino las faenas

Se ven limpias mujeres vestidas de percales,

trenzando sus cabellos con tilos y azucenas

o haciendo sus labores de aguja en los umbrales.

Zapatos claveteados y báculos y chales

Dos mozas con sus cántaros se deslizan apenas

Huye el vuelo sonámbulo de las horas serenas

Un suspiro de Arcadia peina los matorrales.

Cae un silencio austero Del charco que se nimba

estalla una gangosa balada de marimba

Los lagos se amortiguan con espectrales lampos,

las cumbres, ya quiméricas, corónanse de rosas

Y humean a lo lejos las rutas polvorosas

por donde los labriegos regresan de los campos.