- LI - Celebro en Granada al auto de la fe que sé
Bien dispuesta madera en nueva traza,
que un cadalso en forma levantado,
admiración del pueblo desgranado,
por el húmido suelo de la plaza.
Cincuenta mujercillas de la raza
del que halló en el mar enjuto vado,
y la jurisprudencia de un letrado
cuyo ejemplo confunde y amenaza.
Dos torpes, seis blasfemos, la corona
de un fraile mal abierta y peor casada,
y otros dos veces que él no menos ciego;
cinco en estatua, sólo uno en persona,
encomendados justamente al fuego,
fueron el auto de la fe en Granada.