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By Juan de Arguijo

Cuando en horror medroso y ciego espanto

por los teucros discurre Alecto airada,

y el impío acero de la griega espada

hace crecer con frigia sangre el Janto

Entre las quejas y confuso llanto

de la mísera gente descuidada,

alza la voz Casandra, arrebatada

de profético aliento y furor santo

«En tus cenizas, dice, ¡oh patria cara!,

se guarda el fuego cuya llama ardiente

hará costosa a Grecia esta victoria:

otra renacerá de ti más clara

Troya, por quien tu nombre eternamente

vuelva a vivir en más dichosa historia »