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Este que del Dominio del Tirano
que de Cristo rasgó la vestidura,
a la de Pedro embarcación segura,
redujo Dios con poderosa mano.
Obediente al auxilio soberano
en caridad perseveró tan pura,
que ni de culpa con la mancha oscura,
la profanó, ni con discurso vano.
En floreciente edad frutos perfectos
produjo de Virtud ardiente celo,
a la Divina gracia tan atento.
Que sin sentir los de la muerte efectos
cumple tus esperanzas en el Cielo,
y veinte años en este monumento.