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By Fernando de Herrera

Las armas fieras cante el triste hado

del soberbio Ilión, ceniza hecho

el impío orgullo, el temerario pecho

con saeta celeste atravesado;

el mar nunca primero navegado,

y duras peñas del concurso estrecho,

de centauros el ímpetu deshecho,

o Egeón con cien brazos indignado;

quien en la Aonia selva ornó su frente,

habitador de la Cirrea cumbre,

para vencer la muerte con memoria;

que yo sólo, si Amor tal bien consiente,

mi pura Estrella, canto vuestra lumbre,

que me afina en las llamas de su gloria.