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By Gabriel Bocángel y Unzueta

Al viento su esperanza y su porfía,

siguiendo Apolo a Dafne, encomendaba;

el miedo, con que el paso aceleraba,

su blanco pie de plumas guarnecía.

De su madeja el oro reducía

el viento a rayos con que al Sol flechaba,

mientras amor, injusto, preparaba

la victoria mayor a quien huía;

cuando la ninfa exclama al padre undoso,

y, humanando un laurel, halla venganza

del Sol en el auxilio de Peneo.

«¡Ay! -dijo Apolo al árbol desdeñoso-,

¿por qué, si en ti fallece mi esperanza,

verde imagen te ofreces al deseo?»