- LII - Soneto de Endimión

By Hernando de Acuña

En una selva, al parecer del día,

se estaba Endimión, triste y lloroso,

vuelto al rayo de sol que presuroso

de la cumbre de un monte descendía.

Mirando el turbador de su alegría,

contrario de su bien y su reposo,

tras un grave suspiro doloroso,

tales palabras contra el sol decía:

«Luz clara, para mí triste y oscura,

que con furioso curso apresurado

mi sol con tu tiniebla oscureciste,

si te pueden mover en tanta altura

las quejas de un pastor apasionado,

no tarde en volver donde saliste».