- LIV - Al rey Felipe IV y su esposa Isabel
Dulce arroyuelo de la nieve fría
bajaba mudamente desatado,
y del silencio que guardaba helado
en labios de claveles se reía.
Con sus floridos márgenes partía
si no su amor Fileno, su cuidado;
no ha visto a su Belisa, y ha dorado
el sol casi los términos del día.
Con lágrimas turbando la corriente,
el llanto en perlas coronó las flores,
que ya bebieron en cristal la risa.
Llegó en este momento fiel Belisa,
la alba en los blancos lilios de su frente,
y en sus divinos ojos los amores,
que de un casto veneno
la esperanza alimentan de Fileno.