- LIV -
Cual cisne, que con últimos alientos
vive y muere cantando a un mismo punto,
y en el sepulcro y nido todo junto,
más vivos articula los acentos.
Tal en la dura cama, en fuegos lentos,
el invicto español vivo y difunto,
levantó este divino contrapunto,
cercado de tiranos y tormentos.
Yo, Celestial Señor, yo, aquel Laurencio
a cuyo corazón fuerza enviaste,
para mayor martirio suficiente;
y a quien tú visitaste en el silencio
de la noche, y con fuego examinaste,
ardiendo el alma en otro más ardiente.
Recibe este mi espíritu inocente,
y tú, tirano, cruel, cruel Ceraste,
resuelve y come de este lado abierto,
y da sepulcro vivo a nuestro cuerpo.