- LIV -

By Fernando de Herrera

La muerte pido, un corazón amante

vos me entregáis, y me dejáis ausente

de las bellas lazadas de oro ardiente

y del sereno y celestial semblante.

¿Por qué no temo pues el mal instante,

aunque sus rayos Marte ya clemente

contraiga, si el dolor que está presente

cansa el pecho en sus lástimas constante?

Este afán no esperado, esta partida

el errante furor enciende fiero,

no el trabajo cruel de enferma suerte.

Tal me hallo en la ausencia aborrecida,

que el dado corazón fue triste agüero

al duro cierto riesgo de la muerte.