- LIV -

By Francisco de la Torre

Ay, no te alejes, Filis, ay, espera

el tu Damón que más que a su ganado

te reverencia y ama, y si el osado

curso prosigues, tiembla la carrera.

Ya no te sigo, Filis, la ligera

plata refrena, que el temor helado

de tu mal me detiene, y tú el amado

Damón huyes cruel, cual cruda fiera.

Detén, Filis, cruel, detén el paso;

no te ofenda la planta riguroso

cardo cruel de tierra no labrada.

Diciendo aquesto triste y doloroso,

esquivando la vida desdichada,

cayó Damón al Sol del campo raso.