Los dolores de la Virgen – I

By Antonio Osete

Apenas el lucero matutino,

presentóse en la bóveda azulada,

dejan José y María su morada

llevando en brazos a Jesús divino.

Las flores que guarnecen el camino

se yerguen para verlos de pasada,

y Ellos siguen su marcha acelerada

sin presentir los triste de su sino

¡Oh Templo de Sión! Yo te saludo

con voz ferviente, de suspiros llena,

y ante tus gradas me prosterno mudo;

que hoy en ti se consuma la alta escena

en que, a la voz de Simeón, sacudo

el primer eslabón de mi cadena