Los dolores de la Virgen – IV

By Antonio Osete

Todo inspira doquier duelo y pavura:

el sol que apenas arde, el triste acento

del aire enrarecido, y el lamento

de Jesús en la calle de Amargura

Rompiendo de la turba la espesura,

ya sin color y casi sin aliento,

cual paloma impedida por el viento

corre hacia el Salvador la Virgen pura.

Anhelosa lo llama a su regazo,

y, aunque a entrambos el paso se les cierra,

al fin se funden en estrecho abrazo;

y el miserable pecador se aterra,

sin saber que ese nudo es un abrazo

que sen dan hoy los cielos con la tierra