Los mudos elocuentes

By Antonio Cidón

Como apoyo a la humana consistencia

la ley de la virtud es firme valla

como el alma tras sólida muralla

que constante vigila la conciencia

Sometido el mortal, en apariencia,

la pasión envolvió en pujante malla,

diciendo al corazón: «padece y calla

que no hay dicha y placer sin violencia»

De allí fue, que apuntaron los abrojos

en lo arcano del pecho más vehemente,

por matar con espinas los antojos,

y al hacer el rubor, con tintes rojos,

vióse escrito un precepto incoherente:

«Callar los labios y hablarán los ojos »