Ludovico Ariosto

By J. L. Estelrich

Dulcísima prisión, prisión suave,

en donde, no sujeto a la impostura,

sino esclavo al amor y a la ternura

mi enemiga gentil guardarme sabe.

Le es enojo al recluso oír la llave

que cierra su prisión, y en mí es ventura,

me es vida, me es contento, y me asegura,

no juez severo ni sentencia grave,

sino amoroso acogimiento, unidos

abrazos dulces y el amor en creces,

palabras insinuantes, juegos locos,

y estrechísimos besos repetidos

mil y mil, mil y mil, mil y mil veces

y si pueden contarse ya son pocos