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By Diego Hurtado de Mendoza y Pacheco

Jorge, que fui ladrón hasta una paja,

en memoria de mi arte y suficiencia,

a la puerta consagro de esta Audiencia

este dedal de plomo, esta navaja.

Nunca entre noche y día hice ventaja,

ni entre manga y bragueta diferencia;

cualquier bolsa me daba la obediencia,

inclinábase a mí cualquier alhaja.

Teniendo tanta honra ya ganada,

no hay para que hollar pisadas viejas

ni andar del blanco al negro salpicando.

Recójome, aunque tarde, a la posada,

contento con dejar ambas orejas,

por no quedar al sol bamboleando.