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El lamentable son del campo griego,
los golpes fieros del troyano fuerte,
mil espantosos géneros de muerte,
y en suma cuanto pueden hierro y fuego.
Aquiles oye y mira con sosiego,
sin que se duela de su adversa suerte;
antes tañe su lira y se divierte,
y al sol confunde la piedad y el ruego.
En él vive la injuria solamente
de que Briseida bella, su querida,
de Agamenón por fuerza ocupa el lecho.
Y así consigo mismo es inclemente,
pues de su gloria, que es lo más, se olvida:
tanto puede la fuerza de un despecho.