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By Gabriel Bocángel y Unzueta

Ya de puro dolor, dolor no siento,

que es ya naturaleza mi cuidado,

y a los males estoy tan enseñado

que temo más la dicha que el tormento.

Sobra el desdén y basta el pensamiento

para acabar un pecho enamorado,

que el que aguarda a morir de desdeñado

piadoso tiene el propio sentimiento.

Muere y renace amor en unos ojos

más veces que su luz el sol advierte,

ya viva en oro, en sombra ya teñida.

Mas, ¡ay amor!, disculpo tus enojos;

que, si para vivir me das la muerte,

¡pregunto para qué has de darme vida!