- LVI -

By Bartolomé Leonardo de Argensola

Lico, pues Dios los pérfidos permite

para azote amoroso de los fieles,

y después, como a varas o cordeles

ya inútiles, al fuego los remite,

Él con sus justos rayos te visite,

y chamusque esos cuadros y doseles;

y los perfume que lascivo hueles,

súbito hedor sulfúreo te los quite.

No suene en el relámpago el aviso

que a Saulo convirtió, porque tu celo

no es, como el suyo, digno de clemencia.

Fuiste en la tierra látigo del cielo;

y pues muestras negar su providencia,

¿no es bien que te ejecute de improviso?