- LVI -

By Juan de Arguijo

El gran señor del Asia, y venerado

padre de tantos reyes, ¡suerte fiera!,

falta sepulcro, y yace en la ribera

sin cabeza y sin nombre el cuerpo helado.

Y cuando se ve en Troya derramado

más fuego que contiene la alta esfera,

falta al desnudo tronco la postrera

llama, y sólo le baña el ponto airado.

En ti admiramos de la humana suerte

la inconstancia, ¡oh ejemplo sin segundo!,

en ti las vueltas de la incierta vida.

¿Cuál voz habrá que dignamente acierte

a lamentar su fin? ¿Cuándo vio el mundo

ni grandeza mayor, ni igual caída?