- LVII -

By Diego Hurtado de Mendoza y Pacheco

Esta piedra, puñal derrama seso,

este guante, este casco, este broquel,

la espada que rebana, como queso,

brazos, piernas, cabezas a tropel,

no pudiendo sufrir tan grave peso

como es la vida airada del burdel,

después de haber herido a Antón Sabueso,

salta atrás, y a las puertas cuelga de él.

Su cuerpo más arpado que un harnero,

un zafiro por medio de la haz;

en Vilches se recoge a ser ventero,

no por estar seguro y a solaz,

mas por servir a Dios tan por entero

que reciba su alma en santa paz.