- LVII -

By Fernando de Herrera

Aquí donde florece la belleza,

en cuyo dulce fuego el Amor prueba

su flecha y mil trofeos nobles lleva,

vi de mi luz serena la pureza.

Mi bien, que fue el valor y su grandeza,

en mi memoria mísera renueva,

y entre pasado afán y cuita nueva

no espero algún remedio a mi tristeza.

De mi gloria ¡oh dichoso antiguo puesto!

¡Cuál desigual semblante en ti contemplo!

¡Cuán gran mudanza aflige la alma mía!

Oscuro el día, y siempre el sol molesto

te hiera, y seas de mi mal ejemplo

hasta que en ti renazca mi alegría.