- LVII -

By Francisco de la Torre

Filis, más bella y más resplandeciente

que el claro cielo y que el ameno prado;

este gamo de flores coronado

que a su madre quité, te ofrezco ausente.

Riyéndoseme ahora dulcemente.

me lo pidió Testiles; mas cansado

me tienen ya sus risas; que tu helado

ceño me ha de perder eternamente.

A ti le doy y a ti también te guardo

dos tórtolas hermosas y una bella

garza que ayer cogí del monte al río.

Y si el amor de Tirsis por el mío

quieres dejar, escoge tú de aquella

manada mía un toro blanco y pardo.