- LVII -

By Gabriel Bocángel y Unzueta

Culpa, Celia, tu error y no tu daño;

única te formó naturaleza.

Pues dime, ¿por qué quiere tu belleza

darte segunda con tan nuevo engaño?

No se rompió el espejo, no, y extraño

que eche menos tu vista su entereza;

cristal era no más; agora empieza

a ser espejo desde el desengaño.

Tu retrato en retratos dividido

en una parte muere, en otra alcanza

a merecerte en más copioso empleo.

Aquí queda mi error más advertido,

pues cuando hieres más a mi esperanza

hidra inmortal renace mi deseo.