- LVIII -

By Bartolomé Leonardo de Argensola

Por verte, Inés, ¿qué avaras celosías

no asaltaré? ¿Qué puertas, qué canceles,

aunque los arme de candados fieles

tu madre, y de arcabuces las espías?

Pero el seguirte en las mañanas frías

de abril, cuando mostrarte al campo sueles,

bien que con los jazmines y claveles

de tu rostro a la aurora desafías;

eso no, amiga, no; que aunque en los prados

placido iguala el mes las hierbas secas,

porque igualmente les aviva el seno;

con las risueñas auras, que en jaquecas

sordas convierte el húmedo sereno,

hace los cimenterios corcovados.