- LX -

By Hernando de Acuña

Un novillo feroz y un fuerte toro

lidian delante su becerra amada,

y mirábalos Silvia descuidada,

de gracia y de beldad rico tesoro,

cuando por la ribera un sacro coro

de ninfas ve venir, y en su llegada

fue de ellas mi pastora coronada

de flores, que eran perlas sobre el oro.

Y como el fuerte vencedor furioso

dio alegre fin a la obstinada empresa,

zampoña no quedó que no tocase,

diciendo: «¡Oh bien nacido y venturoso

Silvano, si tu llanto, que no cesa,

con fin tan venturoso se acabase».