- LXI - Encarece poéticamente la hermosura de Celia, en disculpa de su amor
Milagrosa prisión de mi albedrío.
Disculpa celestial de mi locura,
clara centella de la llama pura,
en que abrasar la libertad porfío.
Discreta causa del discurso mío,
árbitro singular de mi ventura,
llegue más a la luz de tu hermosura
quien no llama razón ni desvarío.
Y cúlpese al pincel que ha trasladado
copia de la beldad tan parecida,
que así la desconozca mi rudeza.
Porque ésta correrá de su cuidado,
que idolatre mi fe, mal advertida,
si no eres tú la original belleza.