- LXI -

By Bartolomé Leonardo de Argensola

Si conoces tus menguas, no te adules,

Cedro, a ti mismo, y eso que nos dices,

dilo allá a los que alquilan sus cervices

para mudar bufetes y baúles.

Que ya tus gracias, cuanto más las pules,

se arrojan en tu voz más infelices

que excrementicio humor por las narices

sobre esas canas pálidas y azules.

Si a las fuerzas penúltimas que guardas

para que el paso juvenil prosigan,

ignoras el honor que les ofreces;

caballos con su ejemplo te lo digan,

que ostentaron bozales y jaeces,

y ahora rozan jáquimas y albardas.